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La vida  te da sorpresas.  Atendiendo a la llamada de Lourdes,  una vecina con la que tenemos contacto a menudo por cercanía, llegamos donde Ángel  creyendo que era la casa de Lourdes también.  Una vez allí disponiéndonos a reparar una avería debajo del fregadero preguntamos por ella. Esa no era su casa, ella solo va a limpiar a la casa de Ángel, pero la gran sorpresa fue que ante la pregunta Ángel decidió abrir la boca y creo que hasta su corazón y dejo muy claro quién era Lourdes.  “Es una gran mujer, yo la quiero mucho aunque se mete mucho conmigo, pero le tengo un gran aprecio”.  Un poco descolocados con la confesión mantuvimos silencio hasta que Ángel continúo: “la pena es que ella no lo sepa, ya que nunca me he animado a decírselo”.

¿Qué hacer ante este comentario de una persona de casi 70 años?

Efectivamente tocaba hacer de “celestina” y se lo propusimos.  Por lo que conocíamos a Lourdes y por la forma que se dirigía a Ángel cuando hablaba de él estábamos convencidos de que eran pareja. Esta situación descubierta demostraba que no podía pasar más tiempo sin que hubiera un gran cambio.

Nos pusimos manos a la obra para lograr un encuentro que pudiera cambiar esta situación sin la necesidad de mediar muchas palabras……

Os importa si el resto lo contamos cuando ellos nos den el consentimiento para hacerlo?